Crónica de Las Cien Millas de Villaplomo 2.010 (Leadville. Colorado)

Se llamaba Silvestre Vélez de Escalante. Franciscano. En 1.776 inició con otro padre y doce paisanos una travesía inaudita por los desiertos, valles y montañas del Sudoeste americano. Cruzaron entre las tribus de nativos americanos durante dos años. Conocieron a los Anasazi, Soshone, Apaches y muchos más, décadas antes de que el primer colono anglófono pusiera pie en estas tierras. Aún hoy, muchos lugares de las tierras que exploró llevan el nombre de “Escalante”. Aquí info completa de aquella expedición, un recuerdo de aquellos españoles sin miedo (a veces tambien sin vergüenza) que cruzaban oceános y continentes. Unos a mayor gloria de Dios y Patria ; otros sin más obsesión que homenajear el propio bolsillo. Españoles todos. 😉

Pasaron los siglos, pasaron los imperios…no todos. De los españoles en Colorado, poco más se supo. Mientras, Las Rocosas alumbraban grandes momentos de la historia de los deportes de montaña. En 1.983 nació aquí una de las carreras de montaña con mayor carisma del mundo: la Leadville 100 Miles trail run. Cada año veía pasar corredores de medio mundo: Mejicanos, italianos, alemanes, suecos…hasta Hong-Kong cruzó la meta. Sin embargo, ningún compatriota de Escalante la visitaba. Aunque como Ultraoxígeno no pasemos de ser unos corredores más del pelotón ultrero, desde que en  ENE10 nuestras ilusiones alpinas fueran “refusés”, esta aventura en Las Rocosas fue nuestro reto.

Así pues, esta es la historia de un viaje de Cercedilla a Colorado siguiendo las huellas de un insensato franciscano y su no menos arriesgada docena de compañeros. En nuestro caso, ni a eso llegamos:  La nuestra era una expedición de dos miembros, y encima carentes de guía espiritual 🙂

ENTRENAMIENTO ULTRA PREVIO: ENERO-AGOSTO 2.010

Leadville es una cienmillera con un par de cosas especiales: Una, correr siempre por encima de 3.100m, con dos pasos de 3.800m. Otra, el tope de 30h., que obliga a centrarse en correr muchas horas sin descanso, evitando andar. A la que paras, te caen las horas sin piedad.
Por mi lado, con 3h29m como marca en los 42k, y asesorado por Bryon (Thank you man!) calculé que no necesitaba ser más rápido, sino mantener un ritmo digno corriendo durante horas y horas. Y por supuesto, llegar a Villaplomo con tiempo para aclimatar.
Solución: 3 semanas de vacaciones en la zona para la altitud y trabajo de ritmos sostenidos durante el año,  en tres ultras de unos 100k.

Pasamos así por la Transgrancanaria 92k en 15h56m (corriendo con Alex) ; Los 100k de Las Millas romanas de Mérida en 14h45m (Ana corriendo también por su lado) ; y por fin el Gran Trail Peñalara en 21h59m (con los Trágames y los Paquetes). Todas completadas sin forzar en ninguna. La mala noticia de la preparación vino ya en el último mes, al saber que el 3er miembro de nuestra expedición UO2 al Colorado, -nuestro Wildrunner finalista de UTMB09– no podría al fin ser de la partida, por inesperados compromisos académicos 😦

ESTRATEGIA CARRERA: 161k/D+5.100m/Altitud 3.100m-3.800m
Objetivo: 26h45m

*Perfil del circuito 80km ida Leadville 100 Miles. Vuelta, otros 80k por mismo camino.
Una vez llegados a la zona, tres cosas a cubrir: Adaptarse a la altitud para aguantar corriendo hasta 30 horas  (muy distinto que poder pasear a esa altura, jaja) / Conocer el recorrido en todo lo posible / Calcular ritmos y apoyos en controles para comer/beber/ropa (la meteo aquí cae muchos años bajo cero en carrera)
La altitud y el recorrido los asimilamos vía trotes y ascensiones por la zona durante las semanas pre-carrera. Lo más difícil, ajustar tiempos y apoyos sin más recursos que la paliza que Ana pudiera darse de control a control mientras yo corría. Los nativos suelen formar equipos de 4-5 personas por dorsal, incluyendo 1-2 escuderos a partir del ecuador porteando agua+comida+ropa pegados al corredor. (Tremenda ayuda el escudero, claro, pero inviable para nosotros).
Visto todo, fijamos un objetivo de 26h45m. Ida en 12h ( El cierre control ecuador eran 14h) y vuelta en 14h45. Contamos así con margen de pinchazos para amarrar las 30h de tope. Correría siempre porteando un kit de ropa de abrigo + 1-2L de agua + 500-1.000cal de comida. (Total 3-4kg) Las zapas: Cascadia hasta el k104 (incluyendo dos vadeos de río helado) y Kayano en adelante. Ambos pares domados y probados en previas. Bastones, a partir del km 60 para las grandes subidas.
Mientras los amplios equipos locales se citan con su corredor en unos 9-11 puntos en carrera, los apoyos que Ana podía hacerme en solitario serían 6  (3 ida/3 vuelta): May Queen (k22 y 139) / Fish Hatchery (k38 y 131) / Twin Lakes (k65 y 104). Todo listo, a esperar el disparo del rifle…
LOS 161K DE CARRERA: DE LAS 4.00h DEL 21 A LAS 8:26h DEL 22 DE AGOSTO

Considerando los más de 3.100m de altitud, la meteo fue amable con nostros. Oscilamos entre los 25º del mediodía en los llanos (Nota: El sol directo de los 3.100m daña ojos y piel aun a 10ºC) y los 0ºC de la madrugada o los collados.
Buenas condiciones de carrera, considerando la altitud de Leadville. Aún así, el líder Kupricka abandonaría pasado el k120 por hipotermia y agotamiento 😦
Los primeros 10k de salida de la procesión de frontales son mágicos. Suave cuesta abajo del pueblo hacia los bosques por anchas pistas, pegados a las estrellas y con los cuatromiles al fondo iluminados por la luna. Euforia refrenada. Magnífico. A partir de ahí, llegada al lago turquesa para 10k de senderos en fila india. Cada dorsal busca su ritmo de cara al día que amanece, la noche siguiente y algo más. En mi caso, buenas sensaciones desde el principio y un plan de carrera que iba cayendo como un reloj, por delante incluso de lo previsto. Siempre reservando, buscando no tocar nunca los 160 latidos de mi ritmo maratón.
Los datos del GPS hasta su fin de baterías en el km70 (en las rampas finales a Hope Pass, de 3.800m) confirmarían luego esa sensación, de ir a buen ritmo: sin regalar tiempo, sin forzar tampoco. A 143 ppm. Al paso del km64 por Twin Lakes, llevaba 7h36 de carrera, (1h sub-plan)  Comenzaban los 45km más temidos por los veteranos de la prueba: Doble ascensión (ida/vuelta) a los 3.800m de Hope Pass, más casi 10km de pista abrasadora y polvorienta al ecuador de carrera en Winfield y vuelta. Además, a diferencia de los equipos locales, Ana no podría apoyarme en todo ese tramo. No le daba tiempo a mover el coche sola de valle a valle sin parar.
Y sí, la primera subida a los 3.800m de Hope Pass se me hizo eterna, boqueando sin aire por la altura y el cansancio acumulado. A Dios gracias, en el km70, ya a más de 3.600m un grupo de granjeros de llamas de la zona montan -por su cuenta- un avituallamiento a corredores donde pasan acampados el fin de semana. Esa “Hopeless station” como la llaman, ha salvado muchas vidas en carrera, los años en que las ventiscas y la nieve azotan el puerto conviertiéndolo en una lucha por sobrevivir. De allí al puerto me pasa ya de vuelta el líder -Kupricka- que va galopando con su escudero a ritmo de récord. ¡Bravo!
Mi penitencia se alargó a lo alto del puerto, durante la bajada y por la pista de polvo asesina hasta el ecuador en Winfield, km 80. Llegada en 11h20, aún 40min bajo plan. Control médico (hasta tres pasé en carrera) me pesa y confirma mi pérdida de 2kg en la primera mitad de carrera. Mal hecho. Parada larga y reponer.
Casi media hora y bastantes bocados y tragos despues, vuelta al tajo. Toca corriandar bajo el sol de altura y el polvo de los 4×4 de todos los demás equipos en la pista de Winfield. La trepada por el bosque de vuelta al puerto fue así un oasis, por contraste. Hope Pass de nuevo, k90. Mirada al horizonte y primer momento de confianza ciega. ¡Esta carrera no se escapa! Los siquientes 10km de bajada hasta el segundo vadeo del río fueron el tramo más feliz de toda la carrera. Bajando muy ágil, disfrutando a tope por el bosque (cánticos regionales incluidos) y animando a cuantos me cruzaba. Cruzar el río helado de nuevo, con agua a medio muslo, fue una bendición por el achicharre acumulado en toda la prueba.
Llegando de vuelta a Twin Lakes. k105
A las 18h55 volvía a encontrarme en Twin Lakes con todo mi equipo de apoyo, Ana. K105  de carrera. Queda el tercio final, pero ya cae el sol.  Nueva parada larga, con cambio completo de ropa al modelo “frío medio”. Cambio de zapas, pues las Cascadia -impecables hasta aquí- van empapadas y no procede correr mojado por la noche.

Paso a las Kayano, compañeras desde hace años en el MAM y otras muchas carreras monte. Pero este par, aunque ya bien domado, me va a fallar inesperadamente. Casi desde el principio, cogerá hoy holguras laterales en carrera por los senderillos y me irá labrando unas descomunales ampollas en ambos pies. ¡Error!

Cae la noche mientras avanzo de vuelta al control de Halfmoon por la Colorado trail. Al error de las zapas se une al no ser capaz ya de comer y beber en carrera lo necesario. Apenas me entra otra comida que melón/sandía en los controles. Insuficiente para el desgaste sufrido, y para el que aún queda.

Poco a poco, entre el dolor de las heridas y el déficit en nutrición, voy bajando el ritmo a las 120ppm, pero aún así sigo manteniendo el plan. De nuevo bajo la luna, y con casi 0ºC siguen cayendo kilómetros amables por el bosque. Casi todo es ya andar.
Llegada a medianoche a Fish Hacthery
Ya es medianoche cuando llego de vuelta al control de Fish Hatchery. K131 y llevo 20h00m de carrera. Quedan los 30km finales, en teoría los más suaves de perfil. Si fuera capaz de cubrirlos en 5h, tendría derecho a una hebilla de oro y plata, la reservada a los sub25h. Es el premio gordo de Leadville para los mejores. ¿Aguanto?
Ultima parada larga. Tomo vasos de sopa caliente uno tras otro, no me entra otra cosa.  Me pongo nueva capa de ropa de abrigo, ahora ya modelo “frío intenso”. Un beso a Ana y salgo camino del último puerto, Sugarloaf Pass (3.400m). Por el camino veré si puedo apretar a por sub25h.
En seguida veo que no. en la milla de carretera local hasta pie de puerto veo que aún templado y recién recargado, los pies me castigan y ni mis cuádriceps ni mi cabeza están ya para arreones épicos a meta. Decido rematar todo lo que queda al paso, tratando de causar el menor daño adicional al cuerpo.
Al fin y al cabo, solo un empujón kamikaze puede ya arruinar el paso por meta que tengo en la mano.
Tristemente, la carrera de Kupricka acabó justo aquí, en la ascensión a Sugarloaf Pass. Yendo1h30 destacado en cabeza, la hipotermia y el agotamiento lo tumbaron. Afortunadamente, un fotógrafo en BTT dió rápido aviso a la organización. Un 4×4 logró llegar hasta el y llevarlo en volandas al control de May Queen donde quedó arropado y entubado (Aquí su crónica completa) Pararse aquí a 3.400m y bajo cero, agotado tras tantas horas de esfuerzo, es un peligro tremendo pero nos ronda a casi todos. Este puerto, tobogán tras tobogán, se hace infinito a estas alturas. Junto a la subida inicial a Hope Pass, el peor tramo de carrera.
“Dig deep! You are better than you think you are!”
(¡Cava más hondo! ¡Eres mejor de lo que tú mismo piensas!)

Este es el lema de la organización de la Leadville 100 Miles. Lo que los viejos mineros consideran el secreto para cruzar la meta que cada año tumba al 60% de los que la cortejan, más que ningun otro gran ultratrail.
Y es cierto. Si agacho la cabeza y persevero, los km pasarán. Aunque por el camino mi frontal agota sus baterías. Por supuesto elige el último tramo técnico y boscoso de la carrera, por la Colorado Trail hacia el lago. Me apaño como un topo con los 25lumens de mi e-lite de reserva.Pero el tramo es tan confuso que llevo 5 nativos tras mí en convoy. Los animo a pasarme. ¡Tururú! Inexplicablemente, confían en que sea quien mejor se oriente del grupeto. Aún no sé cómo, pero llegamos a May Queen sin perdernos en el bosque. ¡Aleluya! Cumplimos 24h exactas de carrera mientas Ana me pasa su frontal y me recarga bidones y animos. Atrás quedó la última “tachuela”. Ya solo 22km a meta. Mitad por los senderos del borde del lago, mitad por la pista final al pueblo. Me llevará unas 4h, calculo. Pido a Ana un esfuerzo extra: Esperarme con 1L de agua al salir del bosque, para poder completar los últimos 10k de carrera (Casi 2h caerán, ya bajo el sol) sin desfallecer.
Relajo muscular total en este tramo final. Si al paso por el km139 iba apenas 15´por debajo de mi plan de 26h45m, por esta zona no tengo interés alguno en empujar hasta meta. Más bien, charlar con los compañeros y dejarme llevar al paso hasta que, por fin, podamos completar las 100 Millas.
Cruzando meta en 28h25m55s netos
El amanecer trae la última miseria: Un sol horizontal que nos machaca los ojos y obliga, inesperadamente, a quitarnos de golpe toda la ropa de abrigo, aunque apenas son las 7.30 de la mañana. ¡Qué más da! Estamos todos eufóricos. Nos sobran horas y desfilamos por la pista hacia el pueblo sin angustias.
Algunos, más competitivos o más enteros, han seguido corriendo por el bosque y la pista. Nos pasan, siempre animándonos mutuamente: “Good job, man!” “Looking good”.  Les admiro. Una forma agónica de ganarle 1h-1h30 a la marca en meta. Mucho mérito. Yo, no tengo ahora esa rasmia
Llegamos al pueblo. El asfalto nos saluda de nuevo, y en lo alto de la alfombra roja el público ruge al paso de cada dorsal. Es impresionante. Paso bajo la pancarta, y tras saludar a Ken y Marilee (directores de carrera que acogen a todo finalista) me abrazo por fin con Ana.
Por fin, unos españoles han completado las Cien Millas de Villaplomo, y ha tenido que ser tras un largo viaje desde Cercedilla. Viaje largo, pesado…pero ha valido la pena. Solo esperamos que en 2.011 muchos más equipos de celtíberos quieran pisar esta alfombra. Lo harán más rápido y mejor cada vez, disfrutando de una organización y un público maravillosos, sin duda.  Al fin y al cabo, tras los pueblos nativos americanos, españoles fueron los primeros pies foráneos en cruzar estas tierras, hace ya tanto tiempo…
Dig deep! You are better than you think you are!

Equipo Ultraoxígeno en meta Leadville 100 miles
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