Barrancos en Alpes Marítimos (1 de 3)

En nuestra delírica afición por adentrarnos en las profundidades de todo cañón practicable, Mayayo, y el que os escribe , se decidieron por probar las aguas de la idílica Provenza Francesa.
El 15 de Septiembre pasamos a terreno Galo, y para abrir boca antes de comenzar nuestro periplo por los valles de Alpes, decidimos meternos en un par de barrancos que se ubican nada más pasar la frontera por la Jonquera desde las poblaciones de Arlés y Amelie Les Bans.
Tras poner a prueba nuestra pericia orientativa nos adentramos en el Salto de María Valenta. No tengo la intención de dar demasiados datos técnicos, sólo os comentaré lo que me pareció cada uno de ellos y las anecdotas ocurridas.
Barranco básicamente compuesto de rápeles, eso si muy espectaculares y técnicos. A destacar la piedra tan resbaladiza y los colores rojizos en algunas zonas. Barranco corto pero muy recomendable.

Ese mismo día por la tarde nos decidimos por Las Cascadas del Salt del Pi, un barranco menos espectacular, pero con algunos rápeles interesantes. La experiencia con las piedras resbaladizas nos hace replantearnos el cambiar de ruedas. Barranco para rellenar pero no para repetir.
La primera anécdota nos ocurrió en este barranco. Tras bajar Sergio una cascada corta pero en la que se juntaba bastante caudal, la cuerda se nos queda enganchada debajo de la cascada con muy mala pinta. Tras encajonar las dos mochilas en el cauce para que el agua nos dejara ver , nos damos cuenta de que la cuerda se ha enredado en un tronco empotrado, tras varias intentonas y al límite de decidir el cortar la cuerda, ésta sale de manera bestial al poner todo el peso del cuerpo sobre ella.

Tras realizar la segunda parte del viaje, llegamos a Grasse y de aquí a la población de Escragnoles para descender el Vallon de Beiral, un barranco seco, muy cortito, con unas reuniones descomunales (se ve que es un barranco escuela) y muy facilito. Tiene más pekigro el retorno al coche que el barranco en si.

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