Gufilón, Pato, Patusi, Bufi, Tiqui-tiqui, Rufino…. en fin, GOOFY.

Los que nos conocen, sabrán que nuestra familia es grande.
A parte de Alex y yo (Mary Jo), viven con nosotros Goofy, Lana, Bruma, Salem, Miel, y en nuestros recuerdos y corazones también Eyre y Neo.

Goofy es el veterano de la casa, tiene 13 años y medio y es un perro muy guapo (al menos para mi).

Llegó a casa de mis padres después de sacarle de una caja de cartón, en la que había más cachorros y que un hombre en el “Cascorro” vendía. Era una bolita, y muy pequeño, apenas dos meses. Llegó una víspera de Reyes y a mi madre casi le da un infarto. Después de convencerla, Goofy se amoldó divinamente a la rutina diaria de mi casa.
Mi madre le dejaba dormir en un sillón que había en la salita de estar y no se iba a la cama hasta que le arropaba con las faldillas de la mesa camilla.
A mi padre, cuando tenía oportunidad, le chupaba las orejas.

A mi hermano, cuando se descuidaba le quitaba algo de la bandeja de la cena y a mi hermana Mari la arrinconaba en una esquina mientras Goofy jugaba a gruñirla (le hacía gracia que mi hermana chillara).

Goofy no ha sido especialmente travieso, pero si se le ponía por medio comida, podía hacer malabares con tal de comer. Siendo bien pequeñito, le pillé de madrugada con una tableta de chocolate, pero no comiéndosela a bocados, no, sino chupándola como si temiera que se le acabase.

Y es que Goofy siempre ha sido un tragón. Teniendo tres meses, le poníamos pienso mezclado con carne picada y en 20 segundos se lo zampaba.
Las zapatillas de estar por casa de mi hermano le encantaban. Y sólo las de él, porque eran de esas que llevan cara de mono, perro o algún bicho. Las tenía una manía… y a por ellas… se las destrozaba.
Hemos pasado muchos momentos agradables y divertidos con Goofy. Ha sido muy andarín y lo hemos llevado mucho a la montaña. Cuando parábamos a descansar, él lloraba para que continuáramos.
Hablando entre Alex y yo, le llamamos Pato, Patusi… ¿Por qué? porque cada vez que veía un río, embalse, fuente… se metía. “Más que un perro parece un pato”.
Un día en la Pedriza pudimos tener un problema porque se metió en el río y la corriente se lo llevó unos metros, al final pudo salir pero nos asustamos un poco.
Otro día se tiró al canal que hay en el parque Juan Carlos I. No veíamos manera de sacarle y él no podía. Le fuimos llamando orientándole para que fuera a un ladito donde Alex pudo engancharle.
Mi madre le llama en ocasiones Rufino, la verdad no sé por qué y otras veces Gufilón.
Almudena, una amiga, le llama Tiqui-tiqui, porque al andar dentro de casa, se le oyen las uñas en el suelo y es un escandaloso.
Cuando nuestros sobrinos empezaron a hablar, le llamaban Bufi.
Y a pesar de todas las variantes de su nombre, Goofy atendía sabiendo que era a él al que llamaban.
Han sido muchos años de pericias, alegrías y penas. Ahora es bastante mayor, pero sigue teniendo esa carita de muñeco y aunque ahora tiene el morrete bastante blanco por las canas, sigue teniendo ganas de jugar. Está un poquillo sordo y ve bastante poco, pero eso sí sigue comiendo como el que más.
Ahora donde vivimos tiene jardín y mucho sol y se pasa el día dormitando; le hacen compañía cuatro gatos que le miman y se ponen a su lado para darle calorcito (aunque cuando se descuida también le comen la comida).

Por último decir que normalmente los homenajes se suelen hacer a título póstumo pero yo quería hacer un homenaje a Goofy ahora, cuando todavía tiene vitalidad y que los que lo conocéis, conozcáis también algo de su vida.
Próximamente os iré presentando al resto de la familia.